diciembre 20, 2006

Boris Hessen

BORIS HESSEN (o GESSEN)
Pablo Huerga Melcón | IES ROSARIO DE ACUÑA DE GIJÓN, ESPAÑA



1. Boris Mijailovich Hessen, filósofo e historiador de la ciencia soviético. Nació el día ¿16 de agosto? de 1893, en la ciudad de Yelisavetgrado (Kirovogrado durante la época soviética) en Ucrania. Su padre era empleado o director de banca, y su familia judía. Desde muy joven participa en actividades políticas radicales, como miembro del comité local Revolucionario. Después de terminar la enseñanza media, parte, junto con Igor Evgenevich Tamm (1895-1971), quien posteriormente recibiría el Premio Nobel de Física en 1955 por el famoso “efecto Cherenkov” con P. A. Cherenkov y I. M. Frank, a estudiar ciencias a Edimburgo (Escocia), donde permanecerá el curso 1913-1914.

Se inicia la guerra de 1914 y Hessen vuelve a Petrogrado donde asiste a los cursos de física y matemáticas de la Universidad, y a cursos de economía y estadística en el célebre Instituto Politécnico. Schlüpmann, en su ensayo ”La science à la croisée de chemins: Boris Mikhailovich Gesse (1893-1936)”, advierte que «en tant que juif, il est exclu des études régulières.» En la revolución de octubre tomó un papel activo, ingresando en 1919 en el Partido Comunista. Durante estos años, 1919-1921, participa en tareas administrativas para la dirección política en el Ejército Rojo, en Moscú.

Durante los años 1921 a 1924 trabaja en la Universidad Comunista Sverdlov, junto con Yegorshim (1898- ), socialdemócrata desde 1915, que había sido movilizado para el trabajo político, y con quien publicará una serie importante de artículos sobre las nuevas teorías físicas, con el objetivo de incorporarlas en el seno de la doctrina marxista. En el departamento de filosofía de dicha universidad, Hessen organizó una sección de ciencias naturales en la que participaron, entre otros, I. E. Tamm, A. K. Timiriazev (1880-1955) (famoso retractor de la teoría de la relatividad), y el propio Yegorshim.

En 1924 ingresó en el Instituto de Profesores Rojos, donde continuaría trabajando una vez finalizados sus estudios, en 1928. En este instituto, a partir de 1925, Hessen, Yegorshim y A. A. Maximov (1891-1976; fundador del Instituto de Profesores Rojos, junto con M. N. Pokrovski), organizaron cursos de física sobre la estructura de la materia, sobre el concepto de energía, así como sobre la teoría de la relatividad. Según Schlüpmann, Hessen, junto con Yegorshim y Maximov, pasaron algunos meses en Berlín, aunque no parece confirmado. En 1925, edita una Antología en inglés para la escuela secundaria de diez mil ejemplares. Se trata de textos sobre el cartismo, el trabajo de los niños, la vida de los obreros, el comunismo, extractos de periódicos, textos literarios (Dickens), poemas, una necrológica de Lenin, «Les dernières heures de Kark Liebknecht et Rosa Luxemburg», etc. «Todo, dice el editor, porque «los textos ingleses son actualmente mucho menos accesibles que los textos alemanes o franceses», pero también a causa de la especificidad del movimiento obrero en Inglaterra.». En 1926 prepara una edición de Jack London, The People of the Abyss, con un diccionario, para la «biblioteca en lengua inglesa».

A partir de enero de 1927, comienza a publicar en PZM. Este año se produce lo que Joravsky llamó la “Gessen´s manouvre”, según la cual, la corriente dialéctica a la que Hessen pertenecía como discípulo de Deborin, se decanta a favor de las nuevas teorías físicas, y de la necesidad de que el Materialismo Histórico les dé cabida dentro de sus categorías de interpretación. Es aquí donde se produce el famoso enfrentamiento entre las escuelas filosóficas “dialécticas” o deborinistas, y “mecanicistas”, que por lo general se oponían a las nuevas teorías físicas como expresión del idealismo burgués, lo que efectivamente ocurría con la mecánica cuántica en Alemania, como ha demostrado Paul Forman. De esta época proviene, precisamente, el enfrentamiento de Hessen con Timiriazev (quien decía que lo mejor que podía hacerse con Einstein era pegarle un tiro) y casi al mismo tiempo con Maximov (en una reunión acaecida en la fundación de la Sociedad de materialistas dialécticos militantes durante el año 1928 Maximov acusa a Hessen de Machista y desviacionista de derechas, a propósito de una crítica que Hessen había dedicado al propio Maximov; Hessen pertenecía a dicha sociedad).

En 1928 aparece su obra, Ideas fundamentales de la teoría de la relatividad, en donde realiza una síntesis divulgativa, dentro de las coordenadas del materialismo dialéctico, de las teorías de Einstein. Hessen sostiene que la Teoría de la Relatividad es una prueba de las leyes de la dialéctica hegeliano-marxistas. A lo largo de estos años publica artículos y libros relacionados con la interpretación filosófica de la ciencia, con la historia de la ciencia, y sobre física estadística. Colabora en 1928 en la revista La revolución comunista dirigida por Yegorshim, y en Abril de 1929 participa en la reunión de las Instituciones marxistas-leninistas en la Academia Comunista, donde denuncia la situación de los cuadros marxistas en las ciencias teóricas. Esta misma temática había aparecido ya en un artículo realizado junto con I. K. Luppol en 1928. Y vuelve a repetirse en 1929 en otro artículo aparecido en Molodaia guardiia. Toda esta época, hasta 1930, está teñida con la polémica de los mecanicistas y deborinistas, con quienes se alía Hessen. En el verano de 1929 Hessen participa en unos «talleres de trabajo» organizados bajo los auspicios de la Academia Comunista para instruir a profesores de física sobre la importancia del materialismo dialéctico. Hessen ofrecía una charla sobre «Problemas de Metodología de la física», y en él participaban también I. Tamm, S.I. Vavilov (1891-1951), Grigori Samuilovich Landsberg 81890-1957) , y Petr P. Lazarev, entre otros eminentes científicos. En diciembre de 1929, enero y marzo de 1930, Hessen fue representado por Tatiana Gornshtein en los debates organizados por el Instituto politécnico de Leningrado, en donde participaron Yacob Ilich Frenkel (1894-1952), Abraham I. Yoffe (1880-1960), Viktor Robertovich Bursian (1886-1945), V. K. Lebedinskii, N.A. Shatelen, Paul Ehrenfest (1880-1933), etc., que tomaba en discusión las cuestiones que los mecanicistas y dialécticos estaban tratando por entonces.

En 1930, Hessen pasa a dirigir la revista Uspeki Fisicheski Nauki (Éxitos de las ciencias físicas) en la que había ya hecho algunas publicaciones. Parece, además, según Schlüpmann, que Hessen comenzó sus contribuciones para la Gran Enciclopedia Soviética en 1929, aunque esto no es seguro. Lo que sí se sabe con seguridad es que colaboró en las posteriores de 1931 y 1933 con artículos como ”energía”, “Einstein”, etc. En 1930 fue nombrado Director del Instituto de Historia de la Física de la nueva Facultad de Física de la Universidad Estatal de Moscú (MGU), y se convirtió en el primer decano de la Facultad de Física de dicha Universidad (de 1930 a 1936). Allí trabajaban también Leonid Isaakovich Mandelstam (1879-1944), Grigori Samuilovich Landsberg (1890-1957), dos maestros de la física rusa, y el amigo de Hessen, I. Tamm. En 1930 y 1931 fue criticado como «idealista menchevizante», coincidiendo con la persecución dirigida contra los bujarinistas, a partir del “viraje a la izquierda”, a pesar de que Hessen no era bujarinista, como se desprende de las críticas que éste le dedicó en un artículo titulado “Raíces filosóficas del oportunismo de derechas”, publicado en la revista Pod Znamenem Marksizma en 1929. Estas acusaciones fueron dirigidas también contra los demás deborinistas. Las acusaciones (que ya habían comenzado a finales de 1928), encabezadas por Arnost Kolman (1892-1979), Maximov y Yegorshim, se extienden a lo largo de los años treinta, apoyados por la bolchevización y las críticas iniciadas por Marc Borisevich Mitin (1901- ), Pavel Fedorivich Yudin (1899-1968) y Vasilii Nikiforovich Raltsevich, en enero de 1931.

Fue en junio de 1931, cuando Hessen viajó a Londres al II Congreso Internacional de Historia de la ciencia y la Tecnología que tuvo lugar entre el 29 de junio, lunes, y el sábado 4 de julio. Hessen formaba parte de la delegación soviética encabezada por Bujarin nominalmente, aunque parece que el verdadero coordinador de la delegación era Arnost Kolman. De hecho, Bujarin había caído ya en desgracia. Además, componían la delegación, el físico A. F. Yoffe, director del Instituto Físico-Técnico de Leningrado, el economista Modest Yosofovich Rubinstein, el neurofisiólogo Boris Mijailovich Zavadovsky (1895- ) (director del Museo de Biología y del Instituto de Fisiología K. A. Timiriazev), el genetista Nikolai Ivanovich Vavílov (1887-1943; presidente de la Academia Lenin de Agricultura), y el físico Wladimir Feodorovich Mitkévich (1872-1951). La delegación organizó en Londres el “plan de cinco días”, como lo llamó el periodista del Manchester Guardian, James Gerald Crowther (1899- ), en el que se tradujeron todas sus ponencias al inglés y se realizó la célebre edición especial para el Congreso titulada Science at the Cross Roads. La delegación estaba interesada en presentar todas las ponencias, por lo que se amplió en un día el congreso y el sábado 4 de julio se hizo una sesión especial, tensa, por el interés periodístico que el evento había generado, y un tanto desorganizada. No se dejaba entrar a los periodistas no acreditados, etc. Fue precisamente en el Congreso, tanto en las discusiones previas, en las que los delegados soviéticos hicieron valer las posiciones del materialismo histórico frente a los tópicos que pululaban por el Congreso, como en la sesión del sábado, donde Hessen brilló con luz propia y provocó la máxima expectación. Hessen ofreció en Londres lo que puede considerarse el primer estudio exhaustivo de historia social de la ciencia desde el punto de vista marxista. Llevaba por título Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton, según la traducción inglesa (véase punto dos de este artículo).

1931 fue también el año del centenario de la obra de Faraday sobre la inducción electromagnética. Con este motivo se estableció también una discusión en la que I.E. Tamm, G.S. Landsberg y Hessen volvían a enfrentarse a la corriente mecanicista.

En 1933 fue nombrado miembro correspondiente de la Academia de Ciencias de la URSS, en la sección de filosofía, hasta el 29 de abril de 1938 en que fue expulsado junto con Gamow (precisamente Gamow, en sus memorias, atribuye a Hessen una actitud negativa contra la teoría de la relatividad -Gamow “cita de memoria”). En 1934 fue nombrado vicedirector del Instituto de Física de esta misma Academia (FIAN), que dirigió Sergei Vavilov hasta 1936. En 1933 había aparecido ya la primera edición rusa de las Raíces, que se reeditaría en 1934; también en 1933 aparecería un extracto de esta obra en forma de artículo en la revista Priroda.

En junio de 1934, la Academia Comunista organizó una sesión especial para conmemorar el veinticinco aniversario de la publicación de Materialismo y Empiriocriticismo, de Lenin, en donde, además de criticar el idealismo de Heisenberg, Schrödinger, Bohr y Born, también se acusó de lo mismo a Hessen, Yoffe, Frenkel y Tamm. Paul Josephson, en Physics and Poliitics in Revolutionary Russia (1991) dice que Hessen, Vavilov y Yoffe participaron en las sesiones defendiendo que la «física contemporánea confirmaba la presencia de las leyes dialécticas en la naturaleza.» Josephson nos informa además de que Kolman dedicó una crítica especialmente fuerte a Hessen en aquella ocasión.

Por lo que sabemos, la actividad de Hessen a partir de aquella reunión de 1934 es prácticamente nula, como bien reconocía su amigo I. Tamm y S. Vavilov. Ni siquiera hay noticias de que participara en la sesión especial organizada por la Academia de las Ciencias en 1936. En la primavera de 1936 el nombre de Hessen desaparece de la Gran Enciclopedia Soviética, de la revista Uspekhi Fisicheskih Nauk, y de todos los lugares donde tenía funciones editoriales. Fruto de aquella sesión de la Academia de ciencias de 1936, sería seguramente el artículo que Schlüpmann encontró en Pravda, «Autocriticism in Science», en donde tampoco aparece el nombre de Hessen. Las críticas, sin embargo, siguieron más allá de su muerte, a cargo de Maximov, Kolman y A. K. Timiriazev. Kolman acusó a Yoffe de ser maestro de un «enemigo del pueblo», en 1937; Maximov denunció en 1937, también, que Hessen había convertido Uspekhi Fisicheskih Nauk en una publicación idealista (en el índice de esta revista publicado en 1947, los editores borraron todos los artículos que Hessen había publicado allí); y Timiriazev se preguntaba, en respuesta a las críticas de Yoffe, si «¿no es conocido... que desde 1930 a 1936 el enemigo del pueblo Boris Hessen dirigía el Instituto de Física de la Universidad de Moscú? ¿Y que en el consejo editorial de una revista que contaba de cinco personas, dos, Hessen y Apirin, eran enemigos del pueblo?».

Finalmente, Hessen fue detenido el 21 de agosto de 1936, acusado de participar en la conjura terrorista trotskista-zinovievista que había realizado diversos actos de sabotaje. En la sentencia del juicio realizado por el Jurado militar del tribunal Supremo presidido por V. V. Ulrich y celebrado el 20 de diceimbre de 1936 a puerta cerrada, dice: “Hessen y Apirin forman parte de la organización terrorista trotskista-zinovievista contrarrevolucionaria, que llevó a cabo el criminal asesinato del camarada S. M. Kirov y que preparó entre 1934 y 1936, con ayuda de los agentes de la Gestapo fascista, una serie de acciones terroristas contra los dirigentes de lla VKP (b)”. Nikolai Afanasievich Karev (1901-1936; vicepresidente de la Comisión de Planificación de la Academia de Ciencias de la URSS, fusilado en octubre de 1936) había dado testimonio de ello el 5 de junio de aquel mismo año. Según Karev, Hessen organizaba el trabajo entre la juventud. El mismo día 20 de diciembre de 1936 fue fusilado. Parece, no obstante, que Hessen llegó a considerarse culpable, no así Apirin, que fue condenado y ejecutado en la misma sesión. Por lo que sabemos tanto de su vida, como de su obra, Hessen debía estar lejos del grupo bujarinista, y muy probablemente, habría participado en la famosa Oposición Conjunta trotskista-zinovievista de los años veinte, pero no tenemos datos para confirmar este punto.

Hessen, que había ayudado activamente al desarrollo de la escuela de física de Mandelstam y a cuyas clases acudía con asiduidad, fue expulsado de la Academia de Ciencias de la URSS el 29 de abril de 1938, cuando aún no se sabía oficialmente si estaba vivo o muerto. Genadi Gorelik apunta hacia Maximov como «organizador de la campaña de persecuciones» contra los físicos, de entre los que Hessen fue precisamente uno de los primeros.

Boris Hessen fue rehabilitado en el año 1955, aunque no por unanimidad entre quienes aportaron testimonios sobre él. Su amigo Igor Tamm llegó a decir de él: «En el aspecto científico, B. M. Hessen era, en mi opinión, el más destacado entre los filósofos marxistas que yo conocía y que trabajaban en los problemas de la física moderna.»

2. Las raíces socioeconómicas de la mecánica de Newton

Como ha dicho Arnold Thackray en «History of Science», en Paul T. Durbin, A Guide to the Culture of Science, Technology, and Medicine, The Free Press, New York 1980; pp. 3-70, el trabajo de Hessen ha sido pionero en tres aspectos diferentes. El primero se refiere a la metodología de la historia de la ciencia a la que proporciona un impulso fundamental aplicando por primera vez de manera sistemática el marxismo (Thackray señala como promotores de la idea del estudio de las raíces sociales y de la historia social de la ciencia, a Marx y, especialmente, a La dialéctica de la naturaleza de Engels, situando en una fuente ideológica distinta pero orientada hacia los mismos intereses a Max Weber). Otro aspecto es el que se refiere concretamente a la historia de la revolución científica, en la que introduce de lleno la visión marxista, y alimenta la concentración de estudios sobre el tema. El tercer aspecto se refiere a la concepción de la ciencia en su papel político y social. Precisamente, este era, como hemos visto, el mensaje original que encarnaba la delegación soviética al II Congreso. Los tres aspectos se desarrollan de manera conjunta en esta obra, aunque cada capítulo los resalta de manera diferente:

Como quiera que el público español no ha podido conocer hasta hace muy poco ninguna edición de esta obra, ofrecemos un pequeño resumen basado en la primera edición española que se puede encontrar, junto con otros textos inéditos de Boris Hessen, en los apéndices del libro de Pablo Huerga Melcón, La ciencia en la encrucijada, Pentalfa eds., Oviedo 1999; pp. 565-630 (las citas corresponden al sistema de párrafos que allí se utiliza). Este resumen pretende dar una idea del alcance de esta obra pionera de Boris Hessen.

En la introducción de las Raíces se hace un planteamiento conjunto del problema que se va a analizar y se proponen las tesis básicas de la concepción del proceso histórico de Marx. La tesis básica es que, «El modo de producción de la vida material condiciona el proceso social, político e intelectual de la sociedad.» De ahí que, frente a las interpretaciones idealistas de Newton, se buscará la fuente de su genio creativo en las raíces socioeconómicas de su época. De esta manera, si «El período en el que la actividad de Newton llegaba a su punto culminante corresponde con la época de la guerra civil inglesa y del Commonwealth»(4/4), «El análisis marxista de la actividad de Newton, realizado sobre la base de los postulados anteriores, consistirá, primero y principalmente en comprender a Newton, su obra y su concepción del mundo, como productos de esta época.»(4/5)

El primer capítulo lleva por título «Economía, Física y Tecnología en la época de Newton» y desarrolla las tesis propuestas en la introducción, en tres partes. Primero se hace una caracterización general de la época siguiendo la que Marx y Engels ofrecían en la Ideología alemana, identificando la época de Newton con la época del «capital comercial»(6). El programa general para el capítulo será entonces el siguiente: «investigamos en primer lugar, las demandas económicas impuestas por el surgimiento y desarrollo del capital comercial.(6/15)

»Después, consideramos qué problemas técnicos necesitaba resolver el nuevo tipo de economía en desarrollo e investigamos a qué complejo de problemas y conocimientos físicos necesarios para su solución conducen estos problemas técnicos.»(7/1)

Este es el esquema general que Hessen desarrolla en el campo de las vías de comunicación, en la industria y en las actividades militares. Posteriormente, señala las bases físicas de los problemas técnicos planteados en estos contextos y, seguidamente, los temas de la física de la época contrastándolos con el contenido de los Principia. Las conclusiones generales advierten que todos los problemas técnicos planteados, dice Hessen, «son de naturaleza puramente mecánica»(15/6). Analizados los temas de la física de la época, se concluye, a su vez, que están fundamentalmente determinados por las demandas técnicas; y son, por lo tanto, también, temas mecánicos(16/8).

La primera parte concluye, entonces, afirmando que la temática de la física «estaba principalmente determinada[SN] por las necesidades económicas y técnicas que la incipiente burguesía ponía en primer plano.»(16-17)

La segunda parte, se abre con la siguiente consideración: «La ciencia oficial, cuyos centros eran las universidades medievales, no sólo no atendió el cumplimiento de esas tareas, sino que se opuso activamente al desarrollo de las ciencias naturales.»(17/2) Hessen comenta distintos aspectos de este conflicto (17-18) y concluye afirmando que «la lucha entre la ciencia universitaria y la ciencia no universitaria, esta última al servicio de las necesidades de la incipiente burguesía, era un reflejo en el plano ideológico, de la lucha de clases entre la burguesía y el feudalismo.»(20/2) Al mismo tiempo, insiste en que los contenidos de la nueva ciencia provienen del desarrollo de la industria, a partir del fin de la Edad Media (19). Una industria que proporciona no sólo nuevos materiales para observaciones ulteriores, sino también nuevos medios de experimentación, a la vez que permitó la construcción de nuevos instrumentos (19/5). Finalmente, comenta cómo su estudio se organizó en el contexto de las nuevas instituciones científicas frente a las universidades de tipo medieval(20).

De esta manera, de las dos primeras partes de este capítulo podemos concluir que las actividades productivas no sólo determinan la temática de la física (mecánica), sino que además, de ellas provienen, asimismo, nuevos materiales para la observación, nuevos medios de experimentación, y nuevos instrumentos. Al tiempo que se advierte que la burguesía colocó a la ciencia natural al servicio del desarrollo de las nuevas fuerzas productivas(20/10).

Seguidamente entramos en lo que podemos considerar la tercera y última parte de este primer capítulo: la dedicada a Newton. Hessen la inicia con la siguiente consideración: En el contexto presentado por las dos partes anteriores, se plantea, según Hessen, «la necesidad de no limitarse solamente a la mera resolución empírica de problemas aislados, sino, de estudiar sintéticamente y preparar unas bases teóricas estables para la solución de todo el conjunto de problemas físicos dispuestos por el desarrollo de la nueva técnica, por medio de métodos generales.»(20-21) Como todos estos problemas eran de carácter mecánico, esta síntesis equivale a la «creación del armonioso edificio de la mecánica teórica»(21/1). Y esto es, precisamente, lo que lograría Newton en los Principia.

De esta manera, a pesar «del carácter matemático abstracto de la exposición de los Principia»(21/4), Hessen va a tratar de «demostrar que el «núcleo terrestre [earthy core]» de los Principia, se compone, precisamente, de aquellos problemas técnicos que hemos analizado anteriormente y que fundamentalmente determinaron la temática de la investigación física de la época.(21/6). Para ello, empieza señalando cómo Newton tenía especial interés por cuestiones técnicas citando al efecto la carta que éste envió a Francis Aston (22). Señala también los intereses de Newton en la alquimia interpretándolos desde la perspectiva de las necesidades técnicas y productivas que giraban en torno a la transformación de los metales. Junto a este problema se señala el trabajo de Newton en la Casa Real de la Moneda (23). Si Montague ofreció a Newton el puesto de director de esta institución fue, ante todo porque «estimaba en gran medida el conocimiento de Newton sobre metales y metalúrgia.»(23/6) La conclusión a esta parte es que Newton no era precisamente un ser «olímpico situado por encima de todos los «terrestres» intereses económicos y técnicos de su tiempo» (24/2).

Una vez señalados los intereses técnicos de Newton, pasa Hessen a examinar el contenido general de los Principia (pp. 24-26) señalando punto por punto la interrelación que se establece con la temática de la física de la época, y concluye: «Esta rápida revisión de los contenidos de los Principia muestran la completa coincidencia[SN] de la temática física de la época, surgida de las necesidades de la economía y de la técnica, con los contenidos fundamentales de los Principia, que se presentan, en el sentido completo de la palabra, como un resumen y una resolución sistemática de todo el conjunto básico de problemas físicos. Y como, en virtud de su carácter, todos estos problemas eran mecánicos, es evidente que la principal obra de Newton era una fundamentación de la mecánica terrestre y celeste.»(26/6)

El título del Segundo capítulo es «La lucha de clases durante la revolución inglesa y la concepción del mundo de Newton». Hessen parte, en este capítulo de la consideración de que la deducción directa de los problemas técnicos y económicos es un vulgarización inaceptable (27/1). El trabajo científico se ve afectado «por varias superestructuras, tales como las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, el reflejo de esas luchas en las mentes de sus participantes, -teorías políticas, jurídicas, filosóficas, creencias religiosas y su consiguiente desarrollo en sistemas de dogmas.»(27/4) Y esto es precisamente lo que se propone analizar Hessen en este capítulo, con relación a la época de Newton.

Para ello, realiza primero una exposición de la distribución de las fuerzas de clase tras la revolución inglesa, utilizando como material el prólogo a la edición inglesa de la obra de Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico (27-30). Posteriormente, analiza las principales tendencias filosóficas de la época que a su vez se desarrollaban «en las complicadas condiciones de lucha de clases» (30/2). Una vez expuestas las principales tendencias filosóficas -fideísmo y materialismo- (entre 30-32), concentra su análisis en la figura de Newton que aparece como «un representante típico de la incipiente burguesía» que en su concepción del mundo «personifica los rasgos característicos de su clase» (32/13). La tesis que va a defender Hessen en este capítulo es que el perfil ideológico de Newton (puritano, whig, sociniano, etc.) hace de los Principia un sistema, una concepción del mundo, de carácter idealista. Así, «los gérmenes materialistas que estaban ocultos en los Principia [...] se mezclaron con sus creencias idealistas y teológicas, que, en cuestiones filosóficas, prevalecían icluso sobre los elementos materialistas de la física de Newton.»(33/6) Y ello, porque los Principia, además de su interés técnico, son también una concepción del mundo.

Seguidamente, expone los principios fundamentales del mecanicismo, expresado fundamentalmente en la «concepción mecanicista de la causalidad»(34/4), y advierte que este determinismo mecánico se entremezcla en Inglaterra con el dogma religioso, combinación peculiar que se encuentra también en Newton (34/5). Este dogma religioso determina el carácter específico newtoniano de la «concepción modal del movimiento» (34), su concepción física «idealista» de la estructura del universo (35-36), su concepción de la materia como «esencialmente inerte» y la interpretación peculiar que Hessen ofrece del primer principio de la mecánica de Newton (36-37). Todas estas concepciones están teñidas del idealismo ideológico propio de la clase a la que Newton pertenece. Junto a ello, compara Hessen las concepciones físicas de Descartes y las de Newton señalando las diferencias ideológicas que separan a ambos mecanicismos (37-38). Y, finalmente, expone las concepciones igualmente idealistas que profesa Newton en cuanto al Espacio y al Tiempo absolutos. La conclusión general es clara: «Las tesis idealistas de Newton no son accidentales, sino que están orgánicamente enlazadas con su concepción del universo.»(40/8) En Newton no sólo no hallamos el deseo de separar sus concepciones físicas de las filosóficas, sino que, por el contrario, recurre a sus Principia para justificar sus opiniones religioso-teológicas. (40/9).

El propio Hessen nos ofrece una conclusión general que engloba la tesis básica que ha tratado de defender en los dos primeros capítulos. Este párrafo es de un interés extraordinario para entender la tesis de Hessen:

«En la medida en que los Principia surgen, básicamente, de los requerimientos de la economía y la técnica de la época y estudian las leyes del movimiento de los cuerpos materiales, indudablemente, contienen elementos de sano materialismo [el mismo que profesará Descartes (PH)].(40/10)

»Pero los defectos generales de la concepción filosófica de Newton mencionada anteriormente, y su estrecho determinismo mecanicista, no sólo no permiten a Newton desarrollar estos elementos, sino que, antes al contrario, los introduce en el marco de la concepción general religioso-teológica del universo de Newton»(40/11).

El Tercer capítulo lleva por título «La concepción de la energía de Engels y la ausencia de la ley de conservación de la energía en Newton». Si la ley de la conservación de la energía supone la vinculación de distintas formas de movimiento, la tarea del presente capítulo será doble: Primero explicar, a partir de los principios del materialismo histórico, cómo se produce la aparición de nuevas formas de movimiento, además de la mecánica, lo que se produjo, precisamente, con el «desarrollo de la gran industria». Concretamente, la máquina de vapor imprimió un fuerte impulso al estudio de una nueva forma de movimiento de la materia, la térmica (44/4). Pero, por otra parte, «por su verdadera esencia la máquina de vapor está basada en la transformación de una forma de movimiento (térmico) en otra forma (movimiento mecánico)»(44/7); de manera que junto a la máquina de vapor «nos encontramos inevitablemente también con el probema de la transición de una forma de movimiento a otra, que nosotros no encontramos en Newton y que está vinculado estrechamente con el problema de la energía y su transformación.»(44/8).

Con respecto a la primera tarea, la tesis que va a defender Hessen es que «la conexión entre el desarrollo de la termodinámica y la máquina de vapor es la misma que existe entre los problemas técnicos del período de Newton y su mecánica.»(44/6) Hessen comienza recurriendo al capítulo XIII del tomo primero de El Capital de Marx, para explicar «por qué fue precisamente el desarrollo del capitalismo industrial, y no del comercial, el que planteó el problema de la máquina de vapor.» (44-48). Una vez hecho esto, desarrolla la tesis propuesta (47-50), afirmando que la «termodinámica no sólo recibió un impulso en su desarrollo a partir de la máquina de vapor, sino que, de hecho, se desarrolló por el estudio de esta máquina.»(49/13) Surgió la necesidad de estudiar no sólo los procesos físicos separados en la máquina de vapor, sino también la teoría general de las máquinas de vapor, y la teoría general del coeficiente de actividad rentable de las máquinas de vapor. Este trabajo fue llevado a cabo por Sadi Carnot.»(49/14).

Con respecto a la segunda tarea, afirma Hessen que «La categoría de la energía como una de las categorías básicas de la física, aparece cuando se plantea directamente el problema de las interrelaciones entre distintas formas de movimiento.» (51/7). Un problema que sólo se plantea precisamente a partir de la máquina de vapor, en tanto que relaciona las formas de movimiento mecánica y térmica: «Es significativo que la clásica obra de Carnot se denomine Sobre la potencia motriz del fuego» -dice Hessen(52/9). Esta conclusión le sirve, además, para justificar los principales tópicos acerca de la clasificación de las ciencias, y de la historia de la ciencia en función del desarrollo mismo de las diferentes formas de movimiento, como expresión de «un ciclo eterno de la materia en movimiento», que representan la doctrina básica del materialismo dialéctico expuestos por Engels en su Dialéctica de la naturaleza (50-53), y que Hessen ha estado defendiendo en árduas polémicas en la URSS.

La conclusión general del capítulo es evidente: «Newton no percibió ni resolvió el problema de la conservación de la energía, pero no por falta de genio. Los grandes hombres, más allá de la grandeza de su genio, en todos los campos formulan y resuelven las tareas que han sido propuestas por el desarrollo histórico de las fuerzas productivas y por las relaciones de producción.»(53/3)

Finalmente, las Raíces terminan con el capítulo titulado «Los destructores de máquinas de la época de Newton y los destructores contemporáneos de las fuerzas productivas». Este último capítulo actúa a modo de «conclusión», y con él, creemos, se aclaran suficientemente las posiciones generales de Hessen con respecto a su concepción de la ciencia: las mismas que aparecen en su análisis de Newton.

El capítulo se abre con una serie de consideraciones sobre el desarrollo ulterior de la ciencia a partir de Newton. Estas consideraciones están inspiradas directamente en las tesis que Engels exponía en el artículo «Historia de la ciencia» de su Dialéctica de la naturaleza, así como en la propia introducción a esta obra. Señala cómo el desarrollo del mecanicismo lleva inevitablemente (con Kant-Laplace) al desvanecimiento completo del papel que Dios jugaba todavía en el sistema newtoniano. Esto, como veremos, está en contradicción con su concepción general del mecanicismo.

Pero lo que Hessen pretende señalar con ello es, fundamentalmente, el carácter revolucionario que juega la burguesía en el «cambio desde la industria artesanal doméstica a la manufactura y de la manufactura a la industria mecanizada a gran escala [...que] culminó durante la fase del imperialismo monopolista del capitalismo»(55/2): «Al subir al poder, la burguesía revolucionó todas las formas de producción. Redujo a jirones los antiguos lazos feudales, y destruyó las formas arcaicas de relaciones sociales que impedían el nuevo desarrollo de las fuerzas productivas. Durante ese período era revolucionaria porque ofrecía, con ello, nuevos y mejores métodos de producción.»(55/9)

No obstante, Hessen parte, en este capítulo, del siguiente principio: «Así como una fase del modo capitalista de producción es reemplazada por otra, así también cambian las ideas mismas de la clase dominante en la sociedad capitalista sobre la técnica y la ciencia.»(55/3) Esto nos lleva al problema fundamental del capítulo: De una parte, en la época de Newton la ciencia aparece como un instrumento de lucha estimulada por el «gigantesco florecimiento de la técnica»; de otra parte, ahora vemos que el resultado de este «florecimiento inaudito de las fuerzas productivas, a partir del tremendo crecimiento de la cultura material» es un «empobrecimiento sin precedentes de las masas populares, y un terrible incremento del desempleo.»(56/3) Asimismo, de una parte, «los científicos [de la época de Newton...] animaron cada nuevo descubrimiento e invención» a través del órgano oficial de la época Philosophical Transactions (57/9); y de otra parte, la situación de crisis actual inspira a los editores («los científicos ingleses») de la revista Nature a proponer una alternativa totalmente diferente. Ellos encuentran más inteligentes a los pobladores de Erewhon que destruían las máquinas y consideran, según Hessen, que «el remedio para curar las heridas de la sociedad capitalista, los métodos con los que remover todas las contradicciones de un sistema basado en el trabajo asalariado y en la propiedad privada de los medios de producción, es una vuelta a aquellas formas de industria que precedieron inmediatamente a la época del capitalismo industrial.»(59/3)

Hessen responde a partir de una cita del «prólogo» a la Contribución a la crítica de la economía política, en la que la tesis fundamental para el caso viene a ser que el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzan un nivel tal en el que entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, convertidas en obstáculos de aquellas fuerzas, de modo que sólamente una reestructuración radical de estas relaciones de producción permitirá el desenvolvimiento ulterior de las fuerzas productivas, y la resolución de la contradicción. De esta manera, la propuesta de Nature no es más que «una expresión de la contradicción entre las fuerzas productivas de la sociedad capitalista y las relaciones de producción basadas en la propiedad privada de los medios de producción.»(60/8). La crisis actual que refleja Nature, dice Hessen, «es un signo de que su desarrollo futuro [de las fuerzas productivas], en los marcos de esa formación social, es imposible.»

La sociedad burguesa de la época de Newton veía la ciencia como un factor de la producción y un instrumento de la lucha de clases contra la sociedad feudal. Ahora, sin embargo, la ciencia es vista como un azote para el hombre, y Nature propone que se detenga, igual que las universidades herederas del medievo trataban de detener la nueva ciencia. Hessen, sin embargo, propone reconocer el papel de la ciencia como una fuerza productiva: «La ciencia se desarrolla a partir de la producción y aquellas formas sociales que se convierten en obstáculos para las fuerzas productivas, se convierten a su vez en obstáculos para la ciencia.»(60/9) Por ello, siguiendo las tesis del materialismo histórico, no son las fuerzas productivas las que hay que abandonar, como propone Nature, sino, las relaciones de producción que bloquean el desarrollo efectivo de esas fuerzas productivas. De esta manera, al reestructurar las relaciones de producción se reestructura también la ciencia. El desenvolvimiento de las fuerzas productivas exige una nueva sociedad, la sociedad socialista, porque «sólo en la sociedad socialista se transforma la ciencia en patrimonio de toda la humanidad.» De hecho, para Hessen, sólo el proletariado «puede crear las condiciones para su desarrollo sin precedentes [de las fuerzas productivas], y también para el desarrollo de la ciencia.»(61/10)

Esta sociedad socialista se está realizando en la URSS. En ella la ciencia juega un papel central en el marco de las fuerzas productivas, pues, sólo allí se reconoce la ciencia como un instrumento para la reestructuración activa de la realidad: «Por ello -dice Hessen- no tememos manifestar «el origen terrenal» de la ciencia, y sus cercanas relaciones con los medios de producción de la existencia material.»(61/8) «Solamente esta concepción de la ciencia puede liberarla realmente de aquellas trabas que inevitablemente soportaba en la sociedad burguesa de clases.»(61/9) Esta es precisamente la razón que explica el análisis que Hessen ha realizado de Newton, en consonancia con el mensaje que la delegación soviética llevaba a Londres.

Conclusión:

Parece, por tanto, que el trabajo de Hessen tiene dos partes generales, una de las cuales tiene que ver con el análisis concreto, histórico, de la ciencia newtoniana, parte que ocuparía fundamentalmente, los dos primeros capítulos, si excluimos en estas consideraciones la introducción. En esta parte, los problemas fundamentales girarán en torno a la cuestión del internalismo y externalismo en historia de la ciencia. Mientras que hay una segunda parte, en la que cuestiones sobre la concepción del materialismo dialéctico, y del materialismo histórico, conectan a Hessen con los debates políticos y filosóficos de la época que tenían lugar en la URSS, en los que él participaba de manera muy activa. Hessen, sin embargo, encontraba estas cuestiones relacionadas de manera tal, que prácticamente es más razonable pensar, como veremos, que Newton era una excusa histórica para tratar cuestiones filosóficas y políticas de mayor alcance (en el seno de la URSS), que un objetivo de estudio escogido por su propio interés intrínseco, exclusivamente.

3. Conocido especialmente por su participación en el histórico II Congreso Internacional de Historia de la Ciencia y de la Técnica acaecido en Londres en 1931, el trabajo que allí presentó y que acabamos de resumir es la obra fundacional de la historia de la ciencia marxista. Su impacto fue tal que toda una generación de historiadores ingleses de la ciencia seguiría sus pasos. Al mismo tiempo, con este trabajo Hessen abrió el camino hacia los estudios sociales de la ciencia, convirtiéndose en el Padre del externalismo, como metodología. Con ello, inspiró gran parte de la disciplina hoy llamada Ciencia, Tecnología y Sociedad. Sin embargo, debemos puntualizar que la interpretación de Hessen como padre del externalismo no fue sino la reacción de los estudiosos occidentales a un tipo de trabajo que no podían digerir, de la misma manera que quienes ahora detentan las siglas del llamado movimiento CTS procuran citarlo de manera diplomática, para abandonarlo rápidamente como ejemplo de un “radicalismo” impertinente. Sin duda, tanto entre sus detractores, como en los que siguieron su obra, encontramos el rastro de Boris Hessen influyendo en las principales corrientes de los estudios sociales de la ciencia. Su radicalismo, para los internalistas (un radicalismo que no hay que cifrar en su “externalismo”, que es sólo aparente, sino en su marxismo), hace su obra inútil, mientras que los radicales relativistas encuentran a Hessen como el exponente de un “internalismo” intolerable (nuevamente, no se trata de internalismo, sino, otra vez, de marxismo). Se trata precisamente de que en el Materialismo Histórico ejercido por Hessen encontramos un análisis sociológico y económico que no niega en absoluto la objetividad de la ciencia, en la especial respuesta que el marxismo ofrece de esta cuestión. Lo que no le impide situar el desarrollo histórico de la ciencia en las coordenadas socioeconómicas de su época.

Este trabajo de Boris Hessen sirvió de inspiración teórica a toda una serie de historiadores y sociólogos de la ciencia cercanos al marxismo, entre los que destaca John Desmond Bernal, J. Needham, Lancelot Hogben, B. Farrington, G. Childe, J. G. Crowther, C. P. Snow, Julian Huxley, P. M. Blakckett, Christopher Hill, John Haldane, S. F. Mason, etc. Entre sus primeros críticos figura precisamente George Sarton, G. N. Clark, Arnold Rupert Hall, etc. Aunque autores como Merton lo consideraron un pionero, tanto los críticos, como la corriente abierta por Merton tergiversaron este trabajo convirtiendo a Hessen en el “Padre del Externalismo”. Nada más lejos de las pretensiones hermenéuticas de su trabajo, pero sea como sea, Hessen habrá de ser desde entonces, para la historia social de la ciencia del siglo XVII, y para el enfoque sociológico de la ciencia en general, y marxista en particular, un pionero indiscutible.

4. En cuanto a la orientación de Hessen en el marco del Materialismo Histórico, aunque algunos autores como Simon Schaffer (“Newton at the Crossroads”, en Radical philosophy, 37 (1984); pp. 23-28), o Dirk Struik, («Further Thougts on Merton in Context», en Science in Context 3, 1 (1989); pp. 227-238), han señalado la identidad entre las tesis de Hessen y las que Bujarin expuso en su manual Teoría del materialismo histórico. Ensayo popular de sociología marxista[1922], XXI, Madrid 1974; es lo cierto que Bujarin defiende una posición «mecanicista» en la que la «base» definida de modo metafísico condiciona causalmente las superestructuras: «La estructura interna de la sociedad está determinada por la relación mútua entre dicha sociedad y la naturaleza externa, es decir, por el estado de las fuerzas productivas de la sociedad; y esas transformaciones de las formas están a su vez determinadas por el movimiento de las fuerzas productivas.»(p. 309) Bujarin sitúa en un referente externo a lo social la causa de todas las configuraciones sociales, (la relación con la «naturaleza» -plano uniforme de la naturaleza biológica humana). Hessen, sin embargo, renuncia a este tipo de planteamientos en una línea más cercana a Plejanov, que reconoce el papel esencial de la lucha de clases en la configuración de cualquier fenómeno histórico. Según él, aunque para Marx «todo movimiento social es explicado por el desarrollo económico de la sociedad, no lo es sino en último análisis, es decir, que tal movimiento presupone la acción intermediaria de una serie de otros «factores».» (Plejanov, «Cuestiones fundamentales del marxismo», en Obras escogidas, Quetzal, Argentina 1964; p. 399). En rigor, tal explicación no da cuenta en absoluto de los movimientos particulares de una sociedad: «Ensayad una explicación directa económica de la aparición de la escuela de David en la pintura francesa del siglo XVIII y concluiréis en un resultado que no será más que un contrasentido molesto y ridículo. Pero considerad esta escuela como reflejo ideológico de la lucha de clases que se desarrollaba en el seno de la sociedad francesa en vísperas de la gran revolución y la cuestión cambiará en seguida de aspecto.» (p. 398). De otro modo: «[...]el materialismo de Marx no ha impedido a Marx reconocer en la historia la acción del espíritu como la de una fuerza cuya dirección está determinada en cada época por el desarrollo de la economía.»(p. 404). Bujarin sería más bersteiniano tal como interpretó Plejanov a Bernstein: «Evidentemente el señor Berstein ha comprendido el prefacio de Zur Kritik... en el sentido de que la superestructura social e ideológica que viene a colocarse sobre la «base económica», no ejerce ninguna influencia sobre ella. Pero sabemos ya que no hay nada más erróneo que una manera semejante de comprender el pensamiento de Marx.» (Plejanov, «El materialismo militante», Op. cit., p. 394) Hessen está, sin duda, en la línea de Plejanov. De hecho, Hessen es discípulo de Deborin, mientras que Deborin es, a su vez, discípulo de Plejanov. Por otra parte, el propio Hessen manifiesta explícitamente su distancia con respecto al «mecanicismo» de Bujarin en un artículo escrito junto con Podvolotskii, «Filosofskiie korni pravogo oportunizma», en 1929, para la revista Poz Znamenem Marksizma (nº 9, (1929); pp. 1-29); así como de Bernstein o Kautsky, como advierten Poldrack y Wittich, (“Beiträge swjetischer Wissenschaftler im Umfeld des Londoner Kongresssees 1931 zur Wissenschaftsgeschichte”, en Deutsche Zeitschrift fur Philosophie, v. 36; 8 (1988); pp. 747-751)

Antonio Gramsci

ANTONIO GRAMSCI
José María Laso Prieto | UNIVERSIDAD DE OVIERDO, ESPAÑA



Gramsci, Antonio (1891-1937). El 22 de Enero de 1991, se cumplió el centenario del nacimiento de Antonio Gramsci, una de las más relevantes figuras de la cultura y la política italiana del siglo XX. Por su prematuro fallecimiento en 1937, casi han coincidido las conmemoraciones del cincuentenario de su muerte y del centenario de su nacimiento. Con motivo de la primera efemérides, se publicaron en diversos países libros y artículos conmemorativos en los que se argumentaba la vigencia de su pensamiento. Sin embargo, a partir de 1990, se produjeron acontecimientos históricos que potenciaron la vigencia y actualidad de las elaboraciones y concepciones políticas y teóricas de Gramsci. Concretamente, esta es la tesis del filósofo y sociólogo Adam Schaff al sostener que el fracaso del denominado "Socialismo real", en los países de Europa Central y Oriental, constituye la mejor confirmación de la certera previsión de Gramsci sobre la imposibilidad de construir una sociedad socialista sin haber logrado previamente el consenso ampliamente mayoritario de la población. Consenso que sólo se puede lograr actuando en el campo de la cultura para conseguir la hegemonía intelectual y moral del nuevo bloque emergente. La aportación específica de Gramsci, en el campo de la previsión científica, de las condiciones para la transformación social, la sitúa muy bien Adam Schaff, al precisar que "Mientras que Marx subrayaba la importancia de las condiciones objetivas de la revolución , Gramsci desarrolló, en un periodo posterior, aprovechando la experiencia de la revolución soviética, la teoría del consenso como teoría subjetiva de la revolución socialista. Sin el acuerdo de la sociedad, no se puede realizar con éxito la revolución ni mucho menos verificar el dominio de la clase obrera como hegemonía moral y política(y no como imposición violenta). Este consenso debe lograrse mediante el trabajo ideológico. De ahí el importantísimo papel que Gramsci atribuye a la intelectualidad en su teoría de la revolución socialista".

En otro plano, Gramsci estudió filología y lingüística en la Universidad de Turín. Después de una precoz colaboración en la prensa socialista, fundó la revista "L' Ordine Nuovo "que llega a constituir un hito en el nivel teórico del marxismo italiano. Con gran entusiasmo, y no menor rigor, Gramsci se esforzó porque "L 'Ordine Nuovo" aportase al pensamiento y a la "praxis" marxista la altura necesaria para que pudiesen alcanzar su plena efectividad revolucionaria. De hecho, su labor periodística constituyó un serio intento de reforma intelectual y moral, inspirado en el precedente idealista de Benedetto Croce, para fundamentar en el marxismo una gran labor de esclarecimiento y crítica de los basamentos sociológicos de la cultura nacional italiana.

No menor importancia revistió su actividad como dirigente político, ya que se convirtió en el teórico y organizador de los Consejos de fábrica que por entonces florecieron en Turín. Posteriormente, tras un periodo de intensa militancia en el movimiento socialista, Gramsci encabezó el núcleo fundacional del Partido Comunista Italiano. Instaurado el régimen fascista, Gramsci fue detenido, no obstante la inmunidad parlamentaria que gozaba como diputado, y condenado a más de veinte años de prisión. En tan difíciles condiciones, redactó sus célebres "Quaderni del Carcere" que le consagraron como una autoridad teórica del movimiento obrero internacional.

Superada su etapa crociana inicial –pero con consecuencias enriquecedoras de su pensamiento que subsistirán en el conjunto de su obra– Gramsci concibe precozmente al marxismo como una auténtica ruptura con toda ilusión especulativa. Tal orientación podría ser sintetizada en la célebre fórmula gramsciana de que "todo es política". Empero si en Gramsci, no obstante sus preocupaciones teóricas y el elevado nivel con que abordó las más complejas tareas intelectuales, la actividad del militante revolucionario ocupa un primer plano, no por ello incurre en un practicismo político estrecho. Por el contrario, como señala el profesor Manuel Sacristán, "Toda la obra de Gramsci queda estructurada por la finalidad de determinar un renacimiento del marxismo y de elevar su concepción filosófica, que por necesidades de la vida práctica se ha venido vulgarizando, a la altura que debe alcanzar para la solución de las tareas más complejas que propone el actual momento histórico: es decir, elevarlo a la creación de una cultura integral. Según el profesor Sacristán, "Gramsci cumplirá esta tarea, de acuerdo con la inspiración básica de Marx, no eliminando del marxismo el concepto central de práctica, sino proporcionando la más profunda concepción de ésta que se ha alcanzado en la literatura marxista. Por encima del accidental origen de la expresión, Gramsci es realmente el filósofo de la práctica".(1)

Para Gramsci, la "filosofía de la praxis", no se daba todavía bajo una forma propiamente "filosófica", en el sentido de un sistema coherente y organizado. Surgió en forma de aforismos y criterios prácticos, debido a que su creador –Marx– no pudo elaborarla por haberse concentrado en otros problemas. Polemizando con Benedetto Croce, que reducía el marxismo a una metodología histórica –Gramsci postulaba una premisa teórica: "la filosofía de la praxis está por elaborar, lo que no significa que no exista potencialmente, sino, por el contrario, que incumbe a los seguidores de Marx y Engels desarrollar lo que éstos han dejado en germen"(2).

En consecuencia, Gramsci aporta su propia contribución. A la pregunta ¿Qué es la filosofía?, responde negando la existencia de una "filosofía en general, "para afirmar la existencia de diversas filosofías, o concepciones del mundo, entre las que se debe de optar. Combatiendo las concepciones elitistas de la filosofía, Gramsci considera que ésta no debe reservarse exclusivamente a "filósofos profesionales" ya que, en la medida que se trata de una actividad intelectual, practicada generalmente, "todos los hombres son filósofos".

El énfasis historicista de Gramsci hace adquirir a su pensamiento especificidad propia en el seno del marxismo. Como indica el profesor Gustavo Bueno, "el materialismo histórico, bajo la influencia de Engels, habría experimentado constantemente un tendencia a desplazarse hacia el materialismo dialéctico(en el sentido naturalista)como compensación a ese desplazamiento podrían entenderse gran parte de las interpretaciones "voluntaristas", "subjetivistas", o "metafísicas", consistentes en subrayar los momentos del "espíritu subjetivo" y del "espíritu absoluto"(marxismo cristiano, marxismo moral, etc). Gramsci representaría la interpretación de esa vuelta al revés de Hegel –Croce– en el sentido del desplazamiento del "centro de gravedad" de la historia al lugar ontológico que, en el sistema hegeliano, se designa como "espíritu objetivo". Con ello la filosofía deja de ser un estéril manejo de conceptos para pasar a ser tanto acción como concepción.

La identificación filosofía-política-historia constituye el núcleo de la concepción gramsciana de la filosofía. Para Gramsci, en efecto, la política es el primer momento donde la filosofía se halla en la fase simple y elemental afirmación. En consecuencia, la filosofía concebida como "reflexión crítica", es también política, es decir, acción permanente", y, en ese sentido, su identificación con la política significa realización concreta y necesaria de una teoría o de una concepción del mundo.

Sin embargo, Gramsci no se desentendió de las ciencias naturales ni de los problemas epistemológicos generales. Al igual que Lenin, profundizó en la problemática de la física contemporánea para fundamentar científicamente la noción de objetividad y así contribuir a resolver el arduo problema de la relación entre ciencia y filosofía. La misma finalidad persigue cuando se plantea el problema de la denominada "realidad del mundo externo", estudia la relación entre ciencia e instrumentos científicos o profundiza en la elaboración del concepto de ciencia. "Lo que interesa a la ciencia es no tanto... la objetividad de lo real, cuanto el hombre que elabora sus métodos... que rectifica constantemente sus instrumentos materiales... y lógicos –incluidos los matemáticos– lo que interesa en la cultura...la relación del hombre con la tecnología. Incluso en la ciencia , buscar la realidad fuera del hombre no es sino una paradoja..(3). Así trataba Gramsci de basar en sólidos fundamentos epistemológicos la Weltanschauung que haga del marxismo una auténtica filosofía.

No obstante el esfuerzo teórico de Gramsci no constituía una pretensión asépticamente especulativa. Su precoz instinto político la hizo percibir que el cientificismo, tras el que se ocultaban las posiciones revisionistas de los dirigentes de la II Internacional tenía no sólo raíces sociales objetivas sino también fundamentos gnoseológicos de claro signo positivista De ahí su triple lucha contra las impregnaciones que en el seno del marxismo habían alcanzado el positivismo, el determinismo económico y el reduccionismo sociologista. Sin por ello descuidar la necesidad de un "ajuste filosófico de cuentas" con el idealismo de Benedetto Croce, soporte ideológico fundamental de la burguesía italiana. Tal es el origen de la atención especial que dedicó a la relación entre base (infraestructura) y superestructura, a la función del bloque histórico y a su interconexión entre ambos planos de la formación histórica. Su exhaustiva investigación del papel de los intelectuales como "funcionarios de las superestructuras" y la distinción –ya clásica–entre "intelectual tradicional e intelectual orgánico", completa una faceta de la aportación teórica gramsciana de indudable transcendencia filosófica. Reviste también importancia su diferenciación entre "ideologías históricamente orgánicas" e "ideologías arbitrarias", así como el conjunto de su amplio trabajo acerca de la cultura.

Actualmente asistimos a un movimiento mundial de revalorización del pensamiento político y filosófico de Gramsci. A ello contribuyen los congresos internacionales de estudios gramscianos –que periódicamente organizó el Instituto Gramsci y que posteriormente han continuado desarrollando otras entidades–, la edición de sus obras en los más diversos idiomas, y el hecho de que exista general coincidencia en considerar que los análisis de Gramsci representan la única verdadera tentativa marxista de explicitar las modalidades de la vía al socialismo en las condiciones del capitalismo avanzado. Por otra parte, tales análisis son los que mejor explican las causas del hundimiento final del sistema del denominado "socialismo real". Ese es el origen de la vigencia del pensamiento de Gramsci. O, más precisamente, de su creciente actualidad a medida que la problemática contemporánea se centra cada vez más en la temática que constituyó su preocupación fundamental.

N O T A S :

(1) Cita transcrita del prólogo de José María Laso a la obra "Leer a Gramsci" de Robert Maggiori y Dominique Grisoni. Editorial Zero. Madrid, 1974. Página, 11.

(2) Ibídem, pág. 218.

(3) Antonio Gramsci, "El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Ediciones Visor. Buenos Aires, 1971. Pág. 63

Las obras de Gramsci fueron publicadas inicialmente por la Editorial Einaudi de Turín. En una primera fase aparecieron "Lettere dal carcere"(1947), "Il materialismo storico e la filosofía de Benedetto Croce"(1948), "Gli intellettuali e l’organizacione della cultura (1949), "Letteratura e vita nazionale"(1950), "Passato e presente(1951), "L' Ordine Nuovo" (1954), "Scriti giovanile"(1958), "Sotto la mole"(1960). Una edición crítica de las Obras Completas de Gramsci, realizada por un equipo del Instituto Gramsci, dirigido por Valentino Gerratana se publicó, editado por Einaudi, en 1975. El mismo año se publicó en México la versión castellana por ediciones ERA. En español, se editaron inicialmente: "Cultura y literatura". Barcelona, 1967. "Introducción a la filosofía de la praxis" Barcelona, 1969. "La política y el Estado moderno "Barcelona, 1971. "Antología" (Selección y notas de Manuel Sacristán), Madrid, 1974.

Sobre Gramsci, se han publicado en España, entre otras, las siguientes obras: A.R. Buzzi, "La teoría política de Gramsci". Barcelona, 1969. Dominique Grisoni y Robert Maggipri, "Leer a Gramsci" Madrid, 1974. José María Laso Prieto, "Introducción al pensamiento de Gramsci". Prólogo de Gustavo Bueno. Madrid, 1973. P. Lombardi, "Las ideas pedagógicas de Gramsci". Barcelona, 1973. J.M. Piotte, "El pensamiento político de Gramsci". Barcelona, 1973. Juan Trías (Coordinador) José María Laso y otros "Gramsci y la izquierda europea". Fundación de Investigaciones Marxistas. Madrid, 1992. Rafael Diaz-Salazar, "El proyecto Gramsci". Prólogo de Francisco Fernández Buey. Editorial Anthropos. Madrid, 1991. Maria Antonietta Macciocchi, "Gramsci y la revolución en Occidente" México , 1976. Angelo Broccoli, "Antonio Gramsci y la educación como hegemonía". Editorial Nueva Imagen. México, 1977. Francisco Fernández Buey, "Actualidad del pensamiento político de Gramsci". Editorial Grijalbo. Barcelona, 1977. Hugues Portelli, Gramsci et la question religieuse". Editions Anthropos, París, 1974. Aguilera

Nikolai Bujarin

NIKOLAI BUJARIN
José María Laso Prieto | UNIVERSIDAD DE OVIEDO, ESPAÑA



Nikolai Ivanovitch Bujarin, nació el 9 de Octubre de 1888 en Moscú en el seno de una familia de profesores. En el Instituto (Liceo) tomó ya contacto con el marxismo. Durante la Revolución de 1905 participó activamente en la lucha política y en 1906 ingreso en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR). Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Moscú (sección de Economía), militó como propagandista y organizador en la sección moscovita del POSDR. Fue detenido varias veces antes de ser deportado a Onega de donde se fugó al extranjero.

En el otoño de 1912 Bujarin conoció a Lenin, quien se aseguró su colaboración para el periódico bolchevique “Pravda” y la revista “Prosvéchtchénié”. Bujarin se vinculó al movimiento obrero en el extranjero y redactó los informes y discursos para el grupo bolchevique de la Duma, al mismo tiempo que militaba en los círculos socialdemócratas de Viena. Fue en esta época cuando emprendió sus estudios de economía. Lenin acertó al ver en él a “un economista marxista de excelente cultura”.
Durante la I Guerra Mundial, Bujarin manifestó ciertas divergencias con Lenin sobre temas como el Estado, la relación entre la lucha por la democracia y el socialismo, etc.

Acerca del derecho de las naciones a la autodeterminación, la posición de Bujarin estaba más próxima a la de Rosa Luxemburgo que a la de Lenin. Lenin no sobrestimó la importancia de sus discrepancias teóricas con Bujarin, ya que consideraba que sus ideas “debían madurar”. Por ejemplo, sí evocaba los “pequeños errores” de Bujarin, en el problema del Estado, por el contrario, fulminaba “la gran mentira y el envilecimiento del marxismo por Kaustky”. Por ello, Lenin aceptó elaborar un prefacio para el libro de Bujarin “La economía mundial y el imperialismo” (1916). Ello le sirvió para tomar posición contra Kustky, e, indirectamente, contra los errores del propio Bujarin.

Sin embargo, ciertas observaciones y conclusiones de Bujarin sirvieron de ayuda al Lenin que trabajaba en la elaboración de “El imperialismo, etapa superior del Capitalismo”. Todo ello sin contar que tener un adversario de la talla de Bujarin estimulaba el pensamiento de Lenin, como se puede comprobar en una serie de escritos preparatorios de otra obra cásica de Lenin: “El Estado y la Revolución”.

A raiz de la Conferencia de las secciones del POSD(b) en el extranjeero (Berna, Febrero de 1915) Bujarin se opuso a la reivindicación del derecho de las naciones a la autodeterminación y, más generalmente, contra toda exigencia de programa mínimo En el fondo, las divergencias, como lo subrayaba Lenin, se producían en torno al tema de que “el socialismo era imposible sin la lucha por la democracia” y que era poco razonable excluir del Programa (del Partido) una de las reivindicaciones democráticas. Lo importante era menos la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación que el método de análisis del problema. Lenin, como luego haría en lo que se denominó su “testamento”, reprochaba a Bujarin su falta de sentido dialéctico.

En Octubre de 1916, Bujarin se desplazó a América. En Nueva York, colaboró activamente en el periódico “Nuevo Mundo”. En una carta a Alejandra Kollontai, Lenin se mostró muy satisfecho de la batalla que entonces Bujarin libraba contra la derecha y contra Trotsky. Al mismo tiempo Bujarin contribuía a la organización del ala izquierda zinmerwaldiana , del movimiento socialista americano, que debía constituir más tarde el núcleo del Partido Comunista de los EE. UU.

Después de la Revolución de Febrero de 1917, regresó a Rusia. Allí apoyó las “Tesis de Abril” de Lenin. En Agosto de 1917, en el VI Congreso del Partido, fue elegido miembro del Comité Central, por mandato del cual redactó el Manifiesto del citado Congreso. Bujarin participó activamente en los acontecimientos revolucionarios de Moscú, donde luchó contra los mencheviques y los social-revolucionarios. Asimismo desempeñó una función importante en la campaña contra el general golpista Kornilov. Como miembro del Comité Central, tomó posición contra las indecisiones que se produjeron en el mismo respecto a la insurrección armada y la conquista del poder. Después de la victoria de la Revolución de Octubre en Petrogrado, fue uno de los dirigentes de la insurrección armada de Moscú. En Enero de 1918, en nombre de los bolcheviques, Bujarin hizo uso de la palabra en la Asamblea Constituyente.

La perspectiva que Bujarin formuló en el VI Congreso del POSDR (b), acerca de la “llama” de la revolución mundial, reflejaban un punto de vista muy ampliamente difundido. Ello no le exime de responsabilidad por las acciones políticas negativas que cometió a comienzos de 1918, los cuales se apoyaban en puntos de vistas obsoletos ya en aquella época. Mantuvo una posición errónea sobre una cuestión entonces fundamental para el destino de la joven república soviética. Es decir, la de la paz con Alemania. Bujarin, que se apoyaba en viejas ideas, reivindicaba la guerra revolucionaria. Sobre ello sostuvo “No tenemos más que la vieja táctica, la táctica de la revolución mundial”. Sobre ello manifestó Lenin: “La desgracia radica en que precisamente los moscovitas (incluido Bujarin) quieren mantenerse sobre una vieja posición táctica y rehusan obstinadamente comprender que se ha modificado y que se ha creado una nueva posición objetiva”.

A pesar de las divergencias teóricas entre Lenin y Bujarin durante la guerra civil, ambos encontraron un lenguaje común acerca de muchas cuestiones políticas. Por ejemplo, a raíz del VIII Congreso de los Soviets de Rusia (1920), Bujarin defendió las ideas de Lenin sobre eventuales concesiones a empresas extranjeras. No era fortuito que ambos criticasen a Trostky sobre tal tema. Bujarin hizo mucho, en su calidad de redactor de “Pravda” y de propagandista, para sostener las posiciones de Lenin. Muchos simpatizantes que se adhirieron al Partido después de la Revolución de Octubre, pudieron descubrir sus ideas en “El ABC del comunismo” que Bujarin escribió conjuntamente con Preobrajenski. A fines de 1920, Lenin dijo respecto a tal libro :”Tenemos un programa del Partido, remarcablemente comentado por los camaradas Preobranjensky y Bujarin, en un libro precioso al mayor nivel”.

En su conjunto, de 1918 a 1929, las posiciones de Bujarin se manifestaban como un “romanticismo revolucionario” y por el izquierdismo de sus posiciones políticas. En cierto sentido, expresaba el espíritu del “comunismo de guerra”, que era más o menos propio del Partido en aquella época. En 1920, en pleno “comunismo de guerra”, Bujarin publicó una obra teórica, “La economía en el período de transición” Bujarin procedió a una generalización, y en una cierta medida, erigió en absoluta la práctica política y económica del “comunismo de guerra”. Bujarin cometió sobre el tema errores de carácter teórico, aunque al mismo tiempo reflejó las ideas que por entonces estaban en boga dentro del PC(b)R. Hay que tener en cuenta que la concepción de la Nueva Política Económica(NEP)no había sido todavía plenamente formulada, mientras que la línea fundamental del PC(b)R, después de su IX Congreso, preconizaba una transición inmediata al socialismo.

El estudio de las notas que Lenin escribió en los márgenes del libro “La economía del periodo de transición”, muestran una identidad entre los puntos de vista de Lenin y Bujarin. Ello no impidió que Lenin insistiese acerca de los errores de Bujarin que no estribaban en el énfasis sobre la “coerción proletaria”. De hecho, en sus notas marginales, Lenin reveló las raíces gnoseológicas de los errores pasados y futuros de Bujarin, aunque ese no fuese su objetivo de entonces. En todo caso, Lenin reveló los errores teóricos, los elementos de escolástica y sus distanciamientos del método dialéctico, que se daban en Bujarin.

Los años 1921-1927 fueron para Bujarin, como político, un periodo de auge. En 1924, fue elegido miembro del Buró Político del PC(b)R y asumió diversas funciones dirigentes no sólo en el Comité Central del Partido sino en el Comité Ejecutivo Central de la URSS y en el Comité ejecutivo de la Internacional Comunista, de la cual fue designado presidente en sustitución de Zinoviev. Bujarin participó activamente en los trabajos del Komsomol, del Consejo Central de los sindicatos soviéticos, de la Internacional sindical, del Instituto de profesores Rojos, de la Academia Comunista, del Instituto Marx y Engels, sí como de otros establecimientos sociales, culturales, científicos y de enseñanza. Además, representó frecuentemente al Partido en el extranjero. Paralelamente, prosiguió sus actividades de redactor-jefe de “Pravda” y de la revista “Bolchevique”, así como de otras publicaciones. Bujarin fue el autor de toda una serie de documentos del Partido, así como de numerosos informes y discursos pronunciados en Congresos, conferencias y otras reuniones.

Después del fallecimiento de Lenin, una áspera lucha política sacudió al PC(b)R. Diferencias ideológicas de fondo se mezclaron con enfrentamientos personales. Eminentes figuras del Partido, como Trotsky, Zinoviev y Kamenev, de una parte, Stalin y Bujarin, de otra, se enfrentaron, en una parte u otra, de las barricadas. Bujarin tenía entonces una aversión fundamental por las interpretaciones izquierdistas de la edificación del socialismo. Todas sus obras de entonces están dirigidas contra el trotskismo. Fue precisamente esa posición fundamental la que hizo de Bujarin el aliado de Stalin. La intransigencia ideológica, de unos y otros, hizo imposible el trabajo colectivo.

Stalin, que adoptó una posición centrista, maniobró hábilmente para consolidar sus propias posiciones políticas. Sucesivamente Trotsky, Zinoviev y Kamenev fueron excluidos de la dirección en beneficio del Bloque Bujarin-Stalin. Sin embargo, tal bloque no podía durar, ya que los puntos de vista teóricos y políticos de Stalin estaban, sobre algunas cuestiones fundamentales, mucho más próximas a las de su adversario político, Trotsky, que a las de su aliado provisional, Bujarin.

La década del 20, fue para Bujarin un período de trabajo teórico serio, que le condujo a revisar muchas de sus ideas anteriores. Bujarin promovió activamente la línea leninista de la unión de la clase obrera y el campesinado como fundamento del poder soviético y condición obligatoria para la edificación del socialismo. Indudablemente, Bujarin retuvo las lecciones que le dio Lenin en 1918-11921 y reconsideró resueltamente las posiciones “izquierdistas” que le habían caracterizado en el pasado. Sin embargo, sus puntos de vista filosóficos habían cambiado poco. Así lo demuestra su obra “Teoría del materialismo histórico”, muchas veces reeditada en la década del 20, y que le produjeron vivas criticas por parte de algunos teóricos marxistas.

Se deben a Bujarin los nuevos desarrollos de la concepción leninista de la NEP. En 1923 y 1924 afinó sus posiciones sobre la teoría y la práctica de la Nueva Política Económica en sus enfrentamientos con la oposición. Combatió las concepciones estrechas de la NEP, según las cuales ésta sería sólo un retroceso, aunque cometió el error de estimular a los campesinos con la consigna ¡Enriqueceos!. Fue en una obra fundamental, para su evolución política y teórica, “La vía al socialismo y la alianza obrero-campesina” (1925) en la que Bujarin formuló su punto de vista sobre “la gran ruta hacia el Socialismo”. El esquema teórico de Bujarin, acerca de la edificación del socialismo, determinó en buena parte la acción del PC(b)R en la segunda mitad de la década del 20. Esta obra fundamental de Bujarin constituyó una tentativa de proporcionar un fundamento teórico a la edificación del socialismo en un sólo país sobre la base de la NEP. En ese sentido, Bujarin obtuvo el mejor resultado de las ideas de Lenin de tender puentes y de adoptar medidas transitorias para conducir al socialismo a un país de pequeña economía rural. La concepción de Bujarin debió mucho a la idea leninista del socialismo como un “régimen de cooperativistas civilizados”.

Paralelamente se planteaba un problema, ¿Cómo conjugar la libertad para la pequeña producción mercantil y los objetivos de una industrialización necesaria para que la URSS pudiese defenderse tanto económica como militarmente?

En 1925 el problema se planteó prácticamente en términos de “bombeo”. Es decir, del cambio no equivalente entre la ciudad y el campo. No obstante , la cuestión se complicaba por el hecho de que el avituallamiento de las ciudades era concebido en términos de mercado y que se había liberado la actividad productiva de los pequeños campesinos individuales. Las relaciones económicas de contabilidad normal y de una economía equilibrada excluían el cambio no equivalente, o, más exactamente establecían limites importantes si se quería evitar una amenaza de crisis.

El aspecto dramático de la cuestión, estribaba precisamente en que, para garantizar el “bombeo, “a fin de obtener los medios necesarios para la industrialización del país, manteniendo las explotaciones campesinas individuales, hacían falta esfuerzos constantes del Partido para mantener sus compromisos políticos. Tal había sido la vía inicialmente elegida por el Partido, que estaba lejos de haber adquirido conciencia de su complejidad. En la etapa de 1925-1927, la política reposaba sobre la tesis de Bujarin de que los koljoces no constituían la gran ruta hacia el socialismo.

Sin embargo la creciente crisis cerealista, creada a consecuencia de las indecisiones ocasionadas por el dilema descrito, llevaron a Stalin a preconizar la coerción en el campo y, en consecuencia, a lanzar la colectivización masiva mediante la sustitución por koljoces y sovjoces de las explotaciones campesinas individuales. Aunque ni Bujarin ni ningún otro miembro del Buró Político se oponían a la política de “bombeo”, los debates se suscitaron acerca de las formas y los limites del impulso hacia adelante. Tales cuestiones se exacerbaron a medida que las practicas de Stalin divergieron crecientemente de las resoluciones del XV Congreso del PC(b)R y de los principios leninistas de las relaciones entre la clase obrera y el campesinado. Las discrepancias entre Bujarin y Stalin se fueron gradualmente agudizando hasta que Bujarin fue expulsado del PC(b)R. Finalmente, en el curso de los grandes procesos contra la oposición a la línea política de Stalin, Bujarin fue procesado bajo la acusación de formar parte “del bloque trostkista de derecha antisoviética”. El juicio se inició el 2 Marzo de 1938 y finalizó con la ejecución de Bujarin. Nikolai Bujarin fue rehabilitado en la fase final de la política de “perestroika”.

El Comité Central del PCUS, “considerando la inconsistencia de las acusaciones políticas formuladas contra Bujarin en el momento de su exclusión del Partido, su rehabilitación judicial, y considerando también sus méritos hacia el Partido y el Estado soviético, se decide reintegrar a Nikolai Bujarin en las filas del PCUS a título póstumo. “

Respecto a las aportaciones específicas de Bujarin a la teoría del materialismo histórico su obra más directa es la titulada “Teoría del Materialismo Histórico. Ensayo popular de Sociología marxista. “La obra fue publicada en Moscú en 1921 y, junto a algunas valoraciones positivas recibió numerosas críticas. La obra consta de una introducción y de los siguientes capítulos:

I. Materialismo histórico: La causa y el fin de las ciencias sociales (causalidad y finalismo).
II. Determinismo e indeterminismo (necesidad y libre albedrío).
III. Materialismo dialéctico.
IV. La sociedad.
V. El equilibrio entre la sociedad y la naturaleza.
VI. El equilibrio entre los elementos de la sociedad.
VII. Ruptura y restablecimiento del equilibrio social.
VIII. Las clases y la luchas de clases.

Aldo Zanardo, en un trabajo titulado “El Manual de Bujarin visto por los comunistas alemanes y por Gramsci”, publicado como prólogo a la citada obra de Bujarin editada por Siglo XXI de España, editores, realiza una síntesis de las críticas que recibió el Manual de Bujarin. Así, por ejemplo, dice : “En 1927 Kautsky juzga al manual de Bujarin como una de las expresiones más burdas del materialismo económico y observa que casi todos los marxistas rusos son materialistas. “ Ahora bien, el propio Zanardo sostiene que “Las adhesiones que obtuvo el Manual de Bujarin las consiguió en la medida en que prevaleció en el juicio el punto de vista político. Lo que importaba, según este punto de vista—en el medio de una lucha que imponía la movilización rápida y continua de grandes masas—era no tanto la coherencia y riqueza interna de una posición ideal, cuanto el hecho de ser instrumento de esa movilización, de expresar del modo más simple la ruptura con la IIª Internacional, reconduciéndose a la posición original, específica, exclusiva, del proletariado en la historia. hecho de ser instrumento de esa movilización, de expresar del modo más simple la ruptura con la II Internacional, reconduciéndose la posición original, específica, exclusiva del proletariado en la historia”. Hermann Duncker, que comenta el libro de Bujarin en dos revistas, indica su aspecto positivo en el antirrevisionismo radical, en la adhesión abierta a la concepción materialista de la realidad(que es además una adhesión genuina a las posiciones de Marx, Plejanov y Mehring). El hecho de que Bujarin no discuta los problemas del conocimiento significa simplemente que el marxismo es ajeno a los planteamientos neokantianos. Duncker, con todo, recalca algunos puntos presentes efectivamente en el manual pero que no fueron desarrollados: el materialismo de Marx no es mecanicista; la ideología no es mera apariencia: hay reciprocidad entre base y superestructura; materialismo no significa fatalismo. En parte, pero sólo en parte, difiere el comentario de Fritz Rückert. Rückert se basa no ya en el materialismo, sino en la dialéctica, en el segundo de los aspectos que sirven para la polémica filosófica contra la socialdemocracia. Es justamente la dialéctica, la admisión de que en la sociedad y en la naturaleza existen saltos, revoluciones, la que sirve para distinguir el comunismo de la socialdemocracia. “El marxismo es una doctrina de la realidad, de la vida viviente, de la acción: el hombre no es ciego instrumento de la suerte, sino elemento activo en el necesario proceso de desarrollo de la sociedad. Pero estos motivos están desarrollados a continuación del texto de Bujarin, y está sin desarrollar la otra implícita concepción, es decir, la implícita crítica al determinismo.

Por su parte Lukács, en el comentario crítico que hace del libro de Bujarin, recalcaba especialmente que se trataba de un manual de una tentativa de popularización y sistematización y, dentro de estos limites, hacía algunas consideraciones positivas. Pero el resto es prevalentemente crítico. Y justamente, en cuanto a la popularización—según Lukács--, el “Manual” quiebra la tradición de Plejanov y Mehring, que habían indicado como se pueden unir popularización y cientificidad. La posición filosófica de Bujarin es la del materialismo vulgar, intuitivo. Este materialismo es una comprensible reacción al idealismo de los socialdemócratas, desde Berstein a Cunow, pero excluye el método marxista de todos los elementos que provienen de la filosofía clásica alemana y en particular excluye la dialéctica, que es la que hace inteligible el proceso histórico. Para Lukács, Bujarin transforma la dialéctica, que es un método , en una ciencia objetiva y positivista; admite una causalidad irresuelta, una objetividad por la objetividad fetichista. Pero para el marxismo es esencial “remitir todos los fenómenos de la economía y la sociología a relaciones sociales de los hombres entre sí”. Típica de la posición objetivista, materialista vulgar, es la afirmación de Bujarin de que la técnica es determinante para las relaciones de trabajo. Pero el elemento único y decisivo de las transformaciones técnicas es, en cambio, la economía, la estructura económica de la sociedad, es decir, las relaciones sociales de los hombres entre sí en el proceso productivo y, sólo secundariamente, las transformaciones técnicas influyen en la superestructura. La argumentación se vale del conocido capítulo sobre el fetichismo de la mercancía, un texto esencial para Lukács y que interpreta como negación de la objetividad histórica , aparente, del tipo de mercancía y de la objetividad más general, propia del materialismo filosófico. Otro motivo central de la posición de Lukács (como de la de Gramsci) es la crítica de la doctrina de la previsión; afirma, fundándose en algunas tesis de Lenin, que existe una imposibilidad metodológica de prever un hecho con absoluta certeza: la estructura de la realidad no es la exactitud, la matemática, sino la tendencia, la posibilidad, el movimiento. Las leyes del marxismo son tendenciales no estáticas. Así Bujarin se ha colocado fuera de la gran tradición del marxismo (Marx, Engels, Mehring, Plejanov, Luxemburgo):en lugar de criticar las ciencias de la naturaleza con el método del materialismo dialéctico, aplica el método de esas ciencias—el materialismo vulgar—al estudio de la sociedad. Sobre las deficiencias dialécticas de Bujarin, la definición más rotunda fue la de Lenin, en los textos que se consideraron como el testamento del dirigente soviético. Lenin escribía: “En lo que respecta a los miembros jóvenes del Comité Central, quiero decir unas palabras sobre Bujarin y Piatakov. Son , en mi opinión, los hombres más sobresalientes (entre los más jóvenes) y en relación con ellos no habrá que perder de vista lo siguiente: Bujarin no es sólo el teórico más valioso y destacado del Partido, sino que además es considerado, merecidamente, el preferido de todo el partido. Sin embargo, sus conceptos teóricos sólo pueden ser considerados, desde todos los puntos de vista, marxistas con la mayor reserva, porque hay en él algo de escolástico (no ha estudiado nunca y pienso que jamás ha entendido del todo la dialéctica”).

Para Zanardo, en última instancia, la crítica de Gramsci a Bujarin supera tanto a la crítica de los comunistas alemanes como a la del mismo Lukács, Según él, el grueso se la crítica filosófica de Gramsci a Bujarín se entrelaza en torno de los problemas de la sociología y del materialismo filosófico con todas sus implicaciones (previsión, regularidad de los eventos, determinismo, ciencias naturales. . . ) en torno al problema de la ubicación histórica del materialismo histórico de Bujarin. Su “Manual” parte de la distinción rígida entre lo general y lo particular, entre teoría e historiografía y quiere ser una indagación, primero de lo que es general en la realidad natural y humana, después de la vida de la sociedad y en particular de la sociedad moderna. Primero trata de los principios universales, los conceptos metodológicos de la sociología: regularidad, causa, libertad, necesidad, caso, transformación; después construye la sociología verdadera y particular: la sociedad, los estados de equilibrio, desequilibrio y reequilibrio entre la sociedad y la naturaleza, entre los distintos elementos de la sociedad. Para Gramsci, la sociología era entonces una extensión indebida de los métodos de las ciencias naturales a la ciencia de la sociedad, “un intento de obtener experimentalmente las leyes de evolución de la la sociedad humana, del modo de prever el futuro con la misma certeza con la que se prevé que de una bellota se desarrollará una encina. . “. . .

Para concretar más la crítica de Gramsci a Bujarin, conviene citar directamente al filósofo italiano en algunos párrafos de su amplio trabajo titulado “Notas críticas sobre la tentativa de Ensayo Popular de sociología”. Gramsci entonces escribía , en uno de dichos párrafos: “En el Ensayo Popular tampoco está justificada coherentemente la premisa implícita en la exposición y explícitamente esbozada en algún lugar: causalmente, la de que la verdadera filosofía es el materialismo filosófico y de que la filosofía de la praxis es una pura “sociología” (Gramsci denominaba “filosofía de la praxis” al marxismo en sus Cuadernos de Cárcel). ¿Qué significa realmente esta afirmación? Significa que si fuera verdadera, la teoría de la filosofía de la praxis sería el materialismo filosófico. Pero, en tal caso, ¿Qué significa que la filosofía de la praxis es una sociología? ¿Y que sería esta sociología? ¿Es una ciencia de la política y de la historiografía? ¿o tal vez un conjunto sistematizado y clasificado según un cierto orden, de observaciones puramente empíricas sobre arte político y de cánones exteriores de investigación empírica?. Las respuestas a estas preguntas no se hallan en el libro, a pesar de que sólo así se podrá hablar de teoría. Así no está justificado el nexo entre el título general Teoría, etc. y el subtítulo Ensayo Popular. El subtítulo sería el término más exacto, si al término “sociología” se le diese un significado más circunscripto (. . . . ) La reducción de la filosofía de la praxis a una sociología ha representado la cristalización de una tendencia vulgar ya criticada por Engels(en las cartas a dos estudiantes publicadas en Social Akademiker) y consistente en reducir una concepción del mundo a un formulario mecánico, que da la impresión de meterse toda la historia en el bolsillo. Ella ha sido el mayor incentivo para las fáciles improvisaciones periodísticas de los “genialoides”. La experiencia en la que se basa la filosofía de la praxis no puede ser esquematizada: es la historia misma en su infinita variedad y multiplicidad, cuyo estudio puede dar lugar al nacimiento de la “filología” como método de la erudición, en la verificación de los hechos particulares, y al nacimiento de la filosofía, entendida como metodología general de la historia(. . . . ) En el Ensayo, toda la polémica contra la concepción sujetivista de la realidad, con el “terrible” problema de la “realidad del mundo exterior” está mal encarada, peor conducida y, en gran parte es fútil y ociosa(me refiero también a la Memoria presentada al Congreso de Historia de las Ciencias, realizado en Londres en Junio-Julio de 1931) Desde el punto de vista del “Ensayo Popular”, dicha tarea responde más a un prurito de pedantería intelectual que de una necesidad lógica. . El público popular no cree siquiera que pueda plantearse tal problema, el problema de si el mundo existe objetivamente(...)
En el Ensayo se juzga el pasado como “irracional” y “monstruoso” y la historia de la filosofía se convierte en un tratado histórico de teratología, porque se parte de un punto de vista metafísico” (En cambio en el Manifiesto se halla contenido el más alto elogio del mundo que va a morir).
BIBLIOGRAFIA

(0) Bujarin, “Teoría del materialismo histórico” Prólogo de Aldo Zanardo. Siglo XXI Madrid, 1976
(1) Stephen F. Cohen, “Bujarin y la revolución bolchevique”. Siglo XXI, editores. Madrid, 1973.
(2) Nikolai Bujarin, “Critica a la teoría marginalista”. Ediciones de Cultura Popular. México, 1975.
(3) Bujarin, “El ABC del comunismo”. Ediciones Júcar. Madrid 1977.
(4) N. Bujarin, “El imperialismo y la economía Mundial”. Cuadernos
de Pasado y Presente. Córdoba (Argentina) 1971.
(5) Nikolai Bujarin, “Problemas de la edificación socialista” -Editorial AVANCE. Barcelona, 1975.
(6) Nikolaï, Boukharine. “ OEuvres choisies en un volume”. Editions du Progrés. Moscú, 1988.

mayo 27, 2006

Otro Universo


Otro universo puede haber precedido al nuestro

Tres físicos dicen que han realizado cálculos que demuestran que antes del nacimiento de nuestro universo en expansión, hubo un universo anterior que se estaba encogiendo.Los resultados surgen de una teoría que sostiene que el entretejido del espacio y del tiempo está compuesto por minúsculos trocitos indivisibles, en forma muy parecida a la composición de la materia.
En este mismo Blog puede leerse articulo relacionado Titulado Contracción

El diagrama representa nuestro universo en expansión como la rama derecha del arco. El tiempo presente se encuentra en el borde derecho. Según los cálculos de Ashtekar, cuando miramos hacia atrás en la historia de nuestro universo, el tiempo no se extiende hasta el punto del Big Bang, sino que rebota hacia la rama izquierda del diagrama, el cual describe un universo en contracción.

Los científicos creen que nuestro cosmos comenzó con una especie de explosión denominada Big Bang, cuando todo lo que existe, que anteriormente había estado “empaquetado” en un punto infinitamente denso, estalló hacia fuera.

El universo continúa expandiéndose, según esta visión, porque nació expandiéndose. Según algunas propuestas, el Big Bang es un ciclo repetitivo.

Los universos se expandirían, luego se encogerían hasta un punto, y luego se expandirían nuevamente. De esa forma, el “bang” sería en realidad algo más parecido a un rebote.

La idea es atrayente por varias razones, pero los científicos han descubierto que es muy difícil de comprobar. La Teoría General de la Relatividad, una base clave para la teoría del Big Bang, no tiene nada que decir sobre lo que sucedió antes de dicho evento.

“La relatividad general puede ser utilizada para describir el universo hacia atrás hasta un punto en donde la materia se vuelve tan densa que sus ecuaciones ya no se sostienen más”, dijo Abhay Ashtekar, director del Instituto para Física y Geometría Gravitatoria de la Universidad Penn State en University Park, Pennsylvania.

Para ir más lejos, los físicos deben utilizar herramientas que Einstein no tenía, agregó. Ashtekar y dos investigadores post-doctorales desarrollaron tales herramientas a través de una combinación de física cuántica (la ciencia de las partículas sub-atómicas) y la relatividad general, que describe la estructura a gran escala del espacio y del tiempo.

Descubrieron que antes del Big Bang, hubo un universo en contracción. Sin considerar el hecho de que se estaba contrayendo, agregaron, era muy similar al nuestro en términos de geometría de su espacio y de su tiempo, o sea de su espacio-tiempo, tal como lo llama los cosmólogos desde que Einstein descubrió que los dos están entrelazados.

“En lugar de un Big Bang clásico, hay de hecho un rebote cuántico”, dijo Ashtekar. “Quedamos tan sorprendidos por el hallazgo”, agregó, que el equipo repitió los cálculos durante meses para incluir diferentes valores posibles en algunos números que representan nuestro universo actual.

Pero los resultados siguieron apuntando a un rebote. El descubrimiento aparece en el último número de la revista de investigación Physical Review Letters.

Si bien la idea general de otro universo pre-Big Bang no es nueva, dijo Ashtekar, este es el primer estudio matemático que establece sistemáticamente su existencia y deduce las propiedades de su geometría espacio-temporal. La noción de que el espacio-tiempo tiene una geometría comprende la idea de que puede ser curvo o plano.

Un espacio-tiempo “plano” es uno en que la geometría funciona como normalmente esperamos; por ejemplo, las líneas paralelas nunca se encuentran. Pero Einstein descubrió que los objetos materiales deforman su “planicie”, introduciendo una curvatura.

Para llegar a su descubrimiento de un universo pre-existente, el grupo de Ashtekar utilizó la gravedad de rizo cuántico, una teoría que busca reconciliar la relatividad general con la física cuántica.

Estas dos teorías aparentemente fundamentales son contradictorias en algunos aspectos. La gravedad de rizo cuántico, de la cual es pionero el instituto de Ashtekar, propone que el espacio-tiempo posee una estructura “atómica” discreta, en contraposición a la de ser una hoja continua, como asumió Einstein (junto con la mayoría de nosotros).

En la gravedad de rizo cuántico, se piensa que el espacio como un tejido de “hilos” unidimensionales. La visión de un continuo permanece válida como una aproximación.

Pero cerca del Big Bang, este tejido es rasgado violentamente, de modo que su naturaleza discreta, o cuántica, se vuelve importante. Un resultado de esto es que la gravedad se vuelve repulsora, en lugar de atractora, arguyó Ashtekar.

El resultado es el Big Bounce (Gran Rebote). Paul Steinhardt de la Universidad de Princeton, un cosmólogo que ha explorado algunos conceptos relacionados, escribió en un correo electrónico que esta nueva investigación “apoya, en forma general, la idea que el Big Bang no es necesariamente el comienzo del espacio y del tiempo”.

El universo “puede haber pasado por uno o más “bangs” en su historia pasada”, agregó.

Steinhardt y sus colegas también han propuesto una especie de rebote, pero es diferente. Podría suceder que ambos escenarios fueran equivalentes en algún nivel profundo, pero eso es algo que no se sabe, agregó. El escenario de Steinhardt utiliza la teoría de cuerdas, otro intento de reconciliar la relatividad general con la física cuántica.

Algunas versiones de la teoría de cuerdas retratan a nuestro universo visible como un espacio tridimensional inserto en un espacio invisible que tiene más dimensiones. Nuestra zona, denominada mundo-brana (este nombre proviene de su similitud con una especie de membrana) podría rebotar periódicamente para convertirse en otro mundo-brana paralelo.

Un acontecimiento de ese tipo podría parecernos a nosotros, tal como estamos inmersos en unas pocas dimensiones, como un Big Bang.

“No sé si el caso de Ashtekar se traduce en un rebote entre mundos-brana como los que estamos describiendo”, escribió Steinhardt. Pero por sus estimaciones, este cataclismo no tendrá lugar antes de unos 300 mil millones de años, de modo que tendremos muchísimo tiempo para resolver

marzo 26, 2006

LOS DUELOS DE LA MEMORIA Y LAS MEMORIAS DE LA REBELDÍA


Por Claudia KorolArgentina-

24 de marzo de 2006

¿Dónde vive la memoria? ¿Quién la muere? ¿Por qué nos duele? ¿Hasta cuándo el duelo? ¿Qué recuerda la memoria? ¿Cuánto olvida? ¿Quién la enciende? ¿Quién la apaga?¿Cuánta memoria marcha un 24 de marzo? ¿Cuánta memoria se va de ferias? ¿Cuánta se levanta un monumento? ¿Cuánta memoria se vuelve mercancía? ¿Cuánta se disuelve en los despachos del poder?

30 años transcurrieron desde el golpe de estado que estableció en Argentina la dictadura militar más feroz de nuestra historia, y una de las más salvajes de nuestro continente. El terrorismo de Estado, con su dimensión militar y civil, con su trama de dominación y de complicidades, fue el modelo elegido por el capitalismo para remodelar su hegemonía.Si éste se estableció en nuestras tierras sobre la base del genocidio de la población originaria y de los pueblos afrodescendientes traídos como esclavos; si después fue necesaria una nueva "Conquista del Desierto", para sentar las bases de la "modernización" realizada por la generación del 80; los artífices de esta última dictadura, herederos muchos de ellos de aquella oligarquía "fundadora de la Nación", volvieron a recurrir al genocidio, para aplacar toda resistencia.Llamaron "Proceso de Reorganización Nacional", a lo que fue un nuevo momento de recolonización cultural, sostenido en una contrarrevolución preventiva, cuyos datos sobresalientes volvieron a ser el exterminio, la impunidad, el racismo, el crimen organizado.

El golpe de estado en Argentina, fue parte de la política imperialista para América Latina, que tuvo como instrumento contrainsurgente el "Plan Cóndor".

Se trataba de detener el proceso de ascenso de los movimientos revolucionarios que alentados por la revolución cubana y por otros hechos significativos del contexto internacional -triunfo sobre el fascismo, revolución china, mayo del 68, Vietnam-, desparramaban por América Latina la certeza de que el cambio no sólo era necesario, sino que también era posible.

La máquina de matar se puso en marcha para aplastar toda insurgencia. Se trataba no sólo de liquidar al pez, sino de dejarlo sin agua. Por eso el indiscriminado asesinato de hombres, mujeres, ancianos, ancianas, niñas y niños. Por eso los mecanismos del terror: la desaparición forzada de personas, los campos de concentración, la maquinaria de delaciones organizada para romper toda solidaridad. Por eso la guerra cultural, promoviendo el "sálvese quien pueda", y "el silencio es salud"; con la complicidad de periodistas que aún hoy infectan los medios de comunicación.

Por eso el aliento a la traición, a la ruptura de los lazos de solidaridad, y la inoculación de la desconfianza.El paso siguiente era la impunidad, basada en la desmemoria.Pasaron treinta años. Vale la pena sacar algunas cuentas. La dictadura logró su cometido en varios sentidos: la desarticulación de las organizaciones revolucionarias de aquel momento, del sindicalismo de liberación, de las ligas agrarias, de un movimiento estudiantil combativo, del movimiento de sacerdotes por el tercer mundo, del movimiento villero, y de numerosos movimientos populares que fueron diezmados, y desestructurados.La pérdida más grande e imposible de nombrar sin sentir escalofríos: la ausencia de una generación de hombres y mujeres revolucionarios, generosos, dispuestos a cambiarse a sí mismos para cambiar al mundo, empeñados en la creación del "hombre nuevo" -ellos no se imaginaban la posibilidad de "la nueva mujer"-.Y como consecuencia también de esta historia, la deserción de muchos sobrevivientes de aquella generación, que adaptaron la idea de "tomar el poder", a la de "acercarse al poder"; y cuando se acercaron, se quedaron gustosos. Ahora desde el poder, tratan a los que resisten de "inadaptados", "duros", "inmaduros", versiones diversas del "imberbes" de otros tiempos, y no vacilan en cercar la plaza cuantas veces se sienten amenazados."

La máquina de matar se puso en marcha para aplastar toda insurgencia. Se trataba no sólo de liquidar al pez, sino de dejarlo sin agua. Por eso el indiscriminado asesinato de hombres, mujeres, ancianos, ancianas, niñas y niños. Por eso los mecanismos del terror: la desaparición forzada de personas, los campos de concentración, la maquinaria de delaciones organizada para romper toda solidaridad. Por eso la guerra cultural, promoviendo el "sálvese quien pueda", y "el silencio es salud"; con la complicidad de periodistas que aún hoy infectan los medios de comunicación.

Por eso el aliento a la traición, a la ruptura de los lazos de solidaridad, y la inoculación de la desconfianza.El paso siguiente era la impunidad, basada en la desmemoria.Pasaron treinta años. Vale la pena sacar algunas cuentas. La dictadura logró su cometido en varios sentidos: la desarticulación de las organizaciones revolucionarias de aquel momento, del sindicalismo de liberación, de las ligas agrarias, de un movimiento estudiantil combativo, del movimiento de sacerdotes por el tercer mundo, del movimiento villero, y de numerosos movimientos populares que fueron diezmados, y desestructurados.La pérdida más grande e imposible de nombrar sin sentir escalofríos: la ausencia de una generación de hombres y mujeres revolucionarios, generosos, dispuestos a cambiarse a sí mismos para cambiar al mundo, empeñados en la creación del "hombre nuevo" -ellos no se imaginaban la posibilidad de "la nueva mujer"-.Y como consecuencia también de esta historia, la deserción de muchos sobrevivientes de aquella generación, que adaptaron la idea de "tomar el poder", a la de "acercarse al poder"; y cuando se acercaron, se quedaron gustosos. Ahora desde el poder, tratan a los que resisten de "inadaptados", "duros", "inmaduros", versiones diversas del "imberbes" de otros tiempos, y no vacilan en cercar la plaza cuantas veces se sienten amenazados.

La dictadura militar, fue la condición para que se estableciera en el país el capitalismo privatizador, "neoliberal", que destruyó la soberanía nacional, devastó los bienes de la naturaleza, extranjerizó la economía, destruyó identidades clasistas y populares, multiplicó el posibilismo, como justificación ideológica del "no se puede".Ellos lograron bastante. Pero no nos derrotaron.La derrota significa, en términos políticos, destruir la voluntad de resistencia. Y allí, es donde no pueden con nosotros Allí, precisamente allí, es donde se encuentra el valor de la terca, mágica, y rebelde memoria.La memoria nos permite recordar que no hubo lugar del país, en el que no existieran gestos luminosos de resistencia.Aún en las regiones más oscuras y sórdidas, en los campos de concentración, tenemos manos tendidas, gente destrozada por la tortura que no entrega a sus compañeros, hombres y mujeres que callan hasta olvidar, información que atraviesa las zonas de la "no existencia", denuncias que se filtran hasta comenzar a hacerse oír.Aún en los lugares más duros, como las cárceles, hemos escuchado relatos de inmensa dignidad, de mujeres que desafiaban la condena al mundo monocolor, tejiendo telares con hilos de colores ingresados clandestinamente, de hombres que aprendían a leer y a escribir, para comunicarse con el mundo.Aún en el lugar más insondable de la subjetividad, la de una madre que ve desaparecer a su hijo o hija en un cono de sombras, encontramos la fuerza que transforma el pañal en pañuelo y la quietud en marcha, que vuelve público lo privado socializando la maternidad, y alimentando la rebeldía. Aún en esos "años de alambradas culturales", como los llamó Julio Cortázar, hubo quien escribió, quien dijo su palabra, quien hizo su poema, quien cantó su canción, quien actuó a teatro abierto.

Hubo dignidad en la resistencia, coraje, amor, e incluso alegría. No es cierto que sea triste la lucha. Triste es cuando nos cansamos de luchar."

La dictadura militar, fue la condición para que se estableciera en el país el capitalismo privatizador, "neoliberal", que destruyó la soberanía nacional, devastó los bienes de la naturaleza, extranjerizó la economía, destruyó identidades clasistas y populares, multiplicó el posibilismo, como justificación ideológica del "no se puede".Ellos lograron bastante. Pero no nos derrotaron.La derrota significa, en términos políticos, destruir la voluntad de resistencia. Y allí, es donde no pueden con nosotros Allí, precisamente allí, es donde se encuentra el valor de la terca, mágica, y rebelde memoria.La memoria nos permite recordar que no hubo lugar del país, en el que no existieran gestos luminosos de resistencia.Aún en las regiones más oscuras y sórdidas, en los campos de concentración, tenemos manos tendidas, gente destrozada por la tortura que no entrega a sus compañeros, hombres y mujeres que callan hasta olvidar, información que atraviesa las zonas de la "no existencia", denuncias que se filtran hasta comenzar a hacerse oír.Aún en los lugares más duros, como las cárceles, hemos escuchado relatos de inmensa dignidad, de mujeres que desafiaban la condena al mundo monocolor, tejiendo telares con hilos de colores ingresados clandestinamente, de hombres que aprendían a leer y a escribir, para comunicarse con el mundo.

Aún en el lugar más insondable de la subjetividad, la de una madre que ve desaparecer a su hijo o hija en un cono de sombras, encontramos la fuerza que transforma el pañal en pañuelo y la quietud en marcha, que vuelve público lo privado socializando la maternidad, y alimentando la rebeldía. Aún en esos "años de alambradas culturales", como los llamó Julio Cortázar, hubo quien escribió, quien dijo su palabra, quien hizo su poema, quien cantó su canción, quien actuó a teatro abierto.Hubo dignidad en la resistencia, coraje, amor, e incluso alegría. No es cierto que sea triste la lucha. Triste es cuando nos cansamos de luchar.

La resistencia engendró una memoria implacable y fértil. Hijos que escrachan a los genocidas. Jóvenes que miran a los ojos a sus abuelas, y desgarrándose el alma les dicen: "aquí estoy, soy el nieto que buscabas". Ex detenidos desaparecidos que no se refugian en la historia, sino que se empoderan de la memoria para luchar por los derechos humanos de ayer y de hoy.La memoria fértil tiene muchos colores, nombres, rostros.Una no sabe si llorar o reír cuando ve marchar la memoria por las calles, y descubre tras cada cartel, a un amigo, a una compañera, a un ser querido que desapareció pero allí está, sin embargo, junto a nuestra caminata.

En estos días una siente que ellos te empujan, que te hablan al oído. Que te invitan a desempañar los vidrios de la melancolía, y a enarbolar los sueños de siempre. Los que sueñan los pueblos originarios: tierra y libertad. Los 30.000 sueños segados de la superficie de nuestra utopía, que resistieron clandestinamente como raíces, como semillas, esperando el momento de florecer.¿Para qué sirve la memoria? Para identificar a los enemigos de siempre. Para escracharlos en sus cuevas. Para que nadie se confunda. Para que cada cual sepa que ellos no actuaron solos. Que hay una cadena de complicidades, que abrieron las puertas de la impunidad. Sirve la memoria cuando no se vuelve complaciente. Cuando no se calla. Cuando no se rinde. Cuando no se olvida. Cuando enciende nuevas rebeldías.Duele la memoria. Duele, porque obliga

La resistencia engendró una memoria implacable y fértil. Hijos que escrachan a los genocidas. Jóvenes que miran a los ojos a sus abuelas, y desgarrándose el alma les dicen: "aquí estoy, soy el nieto que buscabas". Ex detenidos desaparecidos que no se refugian en la historia, sino que se empoderan de la memoria para luchar por los derechos humanos de ayer y de hoy.La memoria fértil tiene muchos colores, nombres, rostros.Una no sabe si llorar o reír cuando ve marchar la memoria por las calles, y descubre tras cada cartel, a un amigo, a una compañera, a un ser querido que desapareció pero allí está, sin embargo, junto a nuestra caminata.En estos días una siente que ellos te empujan, que te hablan al oído. Que te invitan a desempañar los vidrios de la melancolía, y a enarbolar los sueños de siempre.

Los que sueñan los pueblos originarios: tierra y libertad. Los 30.000 sueños segados de la superficie de nuestra utopía, que resistieron clandestinamente como raíces, como semillas, esperando el momento de florecer.¿Para qué sirve la memoria? Para identificar a los enemigos de siempre. Para escracharlos en sus cuevas. Para que nadie se confunda. Para que cada cual sepa que ellos no actuaron solos. Que hay una cadena de complicidades, que abrieron las puertas de la impunidad. Sirve la memoria cuando no se vuelve complaciente. Cuando no se calla. Cuando no se rinde. Cuando no se olvida. Cuando enciende nuevas rebeldías.

Duele la memoria. Duele, porque obliga